Entre mates y cosas ricas – “Construcción Participativa de la ciudadanía”

Los días 24 y 25 de junio se realizó el primer curso taller de ciudadanía, en El Jardín (Provincia de Salta). La gente llegó al CIC (Centro Integrador Comunitario) con sus termos y sus mates y con cosas ricas para compartir. Y más que nada, con mucha disposición y apertura a aprender.

En total fueron 13 participantes: amas de casa, docentes, empleados públicos y hasta el sacerdote de la comunidad. Sin contar los niños que también llegaron con sus madres o abuelas y colaboraron con la logística (sacando fotos, distribuyendo hojas, lapiceras, y hasta ayudándonos a los adultos con la tecnología, cuando se nos presentaba alguna dificultad).

Después de presentarnos todos, comenzamos con la primera actividad, la dinámica del péndulo, para construir confianza entre los participantes. Luego, Verónica López, la coordinadora del taller, nos invitó a tener presente la actividad durante toda la jornada. Porque “en la vida y en la construcción de la comunidad, si no hay confianza, no podemos construir nada” –nos dijo.

Luego, seguimos con la técnica del árbol social. Después de dibujar cada uno su árbol (duraznero, mora, mango u otras de las tantas especies del lugar) se fueron completando las raíces, el tronco y la copa con las actividades económicas, instituciones sociales y actividades culturales de la comunidad. En un clima de gran participación y entusiasmo, se trabajó personalmente y en grupo en la construcción del árbol social.

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Entre mates, relatos de experiencias y trabajos compartidos, la tarde llegó a su fin. Igual de fructífero fue el segundo día, en el que se intercalaron videos, trabajos grupales y nuevos aprendizajes. Al curso no le faltó nada, ni siquiera un partido de la selección argentina en el Mundial de fútbol. Los participantes volvieron a sus casas entusiasmados, con “ganas de más”, sabiéndose protagonistas en la construcción de su comunidad. Hasta Liliana, que nos había contado el primer día que su única “comunidad” era su familia de 11 hijos y muchos nietos, y que no tenía tiempo para otras actividades, cambió de opinión a partir de la experiencia: “podría dedicarle algunas horas a la construcción de un centro vecinal. Después de todo, un par de horas fuera de casa nos hace bien: nos olvidamos de los problemas, de que la gallina no tiene maíz, y luego volvemos con más paciencia a cuidar a los nietos”.

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Milagros Dallacaminá

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