UN FELIZ CIERRE DE ACTIVIDADES – EL JARDÍN

El día sábado 29 de Noviembre, se realizó en El Jardín el cierre de las actividades del curso de ciudadanía. Salimos a media mañana con Vero, con su esposo Sergio y el más pequeño de sus hijos, Tobías. También fue Renata, coordinadora del programa TSNoa.

Llegamos con el calor del mediodía, que se hizo sentir durante toda la jornada. Unos pocos km antes de llegar, cuando íbamos por El Tala, recibimos mensajes del P. Miguel, preguntándonos si ya estábamos llegando, y de Carola, de la oficina de Turismo, contándonos que el Intendente nos esperaba a almorzar en el “Amancay”.

Así que fuimos directamente hasta el Amancay, donde nos recibieron la esposa e hija del Intendente, que además de otros oficios, en sus ratos libres son cocineras y atienden el restaurant. Unas ricas empanadas de charqui y un pollo con arroz fueron el menú del mediodía. Después del almuerzo y la sobremesa, fuimos a buscar la llave de la casa parroquial a la casa de Hilda, una de las protagonistas de los talleres de ciudadanía. Hilda se vino con nosotros a la casa parroquial aun cuando faltaba casi una 1 hora para las 4 de la tarde, que habían quedado en encontrarse todos para practicar la obra de teatro y preparar todos los detalles para la fiesta de la tarde.

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Cerca de las 4 fueron llegando los participantes del curso, con las glosas, los telones para armar el escenario, las letras recortadas que formaban la frase elegida para presidir la jornada: “somos diferentes los unos de los otros pero somos iguales porque tenemos la misma dignidad y los mismos derechos.” Además de todo lo que traían, llegaron con el tereré bajo el brazo, porque el calor de esa hora era agobiante. Llegaron también otras mujeres que no habían participado del curso, pero que generosamente ofrecieron sus talentos artísticos para la obra teatral, representando a ciudadanas que son convocadas a una reunión del centro vecinal. El lugar elegido para el acto público fue el atrio parroquial, justo al frente de la plaza, donde se ubicaron las sillas. En pleno ensayo de la obra teatral llegó una parejita joven -ella oriunda de El Jardín, él de Tucumán- profes de teatro que estaban comenzando a organizar el pesebre viviente para fin de año y gustosamente llegaron a colaborar con la obra, dando algunas indicaciones muy oportunas.

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El Padre Miguel también estuvo colaborando en esta parte previa, pero no pudo quedarse al acto porque tenía que celebrar misa a las 21 hs. Más o menos a las 19.30 hs, cuando la gente de la municipalidad se aprestaba a instalar el sonido, y ya estaba todo prácticamente listo, cada uno se fue a su casa a prepararse para la noche. Como El Jardín es un pueblo chico (de unos 2000 habitantes) eso se realizó con total naturalidad y rapidez. Antes de las 20.30, el horario previsto para el inicio, estaban todos frescos, recién bañados y con ropa de fiesta. Una de las participantes tomó el micrófono y comenzó a invitar a los vecinos. Mientras tanto, la música hacía su parte de convocatoria también.

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Al rato se dio inicio al acto con una solemnidad única. Con micrófono en mano, Ana Solís y Darío Campos dieron la bienvenida e invitaron a entonar las estrofas del Himno Nacional.

En representación de los participantes del taller, nos dirigió unas palabras Alcira Mercado.

Luego fuimos invitadas al escenario Renata, Verónica y yo. Renata habló de los inicios del trabajo conjunto con el Municipio de El Jardín y los frutos que estaba dando. Vero contó del itinerario formativo que hicimos en estos casi 6 meses, pasando de “ser habitantes a ciudadanos comprometidos con la comunidad”. Y por último yo hice una breve mención de cada uno de los participantes, de una forma amena, para convocarlos a retirar sus certificados.

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Luego, el Intendente fue invitado a dirigir unas palabras. Entre varias otras cosas, dijo que les parecía bueno lo que hacíamos y el espíritu con que lo hacíamos, por ello había comprometido su apoyo para la realización de los talleres. E incentivó a la ciudadanía a seguir participando y comprometiéndose.

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Mientras todo esto sucedía, en el centro de la plaza había un mesón donde los niños fueron convocados a dibujar y pintar, todos guiados por una maestra jardinera, que alegremente dio su tiempo y talentos para estar con los más chiquitos mientras los más grandes participaban del acto. Esto fue así hasta el momento que se anunció la obra de teatro. Apenas comenzaron a dialogar los personajes, el público comenzó a reírse, y hasta los más pequeños dejaron de hacer lo que estaban haciendo para presenciar la obra. Con muchas risas de por medio, creo que el mensaje llegó muy claro a cada uno de los ciudadanos de El Jardín. Más de uno se habrá sentido identificado con quien está apurado atendiendo la puerta cuando llega un  vecino invitando a una reunión, o con algunos gestos o preconceptos acerca de los trabajos comunitarios. La obra terminó coronada con muchos aplausos, y con la canción “color esperanza” de Diego Torres, y con los actores invitando al público a bailar. Se generó un momento muy bonito de música, baile y esperanza en lo que se va gestando y lo que se viene.

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La música continuó sonando un rato más, mientras la gente lentamente volvía a sus hogares. Más de uno dijo que “una obra de teatro de estas características, transmitiendo valores, puede ayudar ante flagelos grandes que sufre la comunidad, como por ejemplo el suicidio de adolescentes”. Otros dijeron que les hubiera gustado participar de las capacitaciones, que se notaba que habían sido muy importantes. Alguien más fiestero dijo que no estaría mal que El Jardín tuviera una fiesta de esas características cada sábado…

Así, cada uno de los perseverantes participantes de los talleres durante estos casi 6 meses en El Jardín, se volvió a su casa con el corazón contento por todo el trabajo realizado y con un certificado de “reconocimiento al trayecto de aprendizaje”: DEL PASO DE HABITANTES A CIUDADANOS EN LA LOCALIDAD DE EL JARDÍN. Gracias a cada uno de los que hicieron posible aquella jornada de fiesta en El Jardín. Fue otra demostración de que una comunidad organizada y fraterna, es capaz de grandes cosas, aun lo que en un principio parece difícil o imposible.

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