MENSAJEROS DE LA BUENA NUEVA

Ni bien bajamos del auto, Cafayate nos invitó a abrigarnos y – en mi caso- a cruzarme de brazos para apaciguar el frío un poco más. Pero unos minutos después, en la plaza, el sol empezó a regalarnos algunos de sus rayos, quizás como presagio de lo que compartiríamos más tarde con Monseñor Jiménez. Y con ese poco, nos alcanzó para calentarnos al menos las mejillas.
Después de celebrar misa, el Padre José Demetrio nos invitó a acompañarlo mientras ejercía su ministerio sacerdotal en el pueblo. Así recorrimos de su mano un Cafayate pedregoso y necesitado. El Cafayate que nos cuesta ver.
Más tarde, ya es su despacho, pudimos contarle sobre nuestro trabajo, poner en común algunas inquietudes y compartir puntos de vista sobre la región.
El espacio fue muy ameno, generoso e interpelador. ¡Nunca es leve una charla con un obispo! Y esta no fue la excepción.
Nos llevamos de Cafayate algunas perlas, yo me animo a decir que varias.
Porque la reunión prevista fue más que un encuentro formal. Fue un alto en el camino para levantar la mirada y poder ver. Vernos. Contemplar. También para preguntarnos profundamente: ¿es suficiente lo que hacemos desde el Programa? ¿Podemos hacer más? ¿Estamos viendo verdaderamente la realidad de nuestras comunidades?
Preguntas que nos encausaban a una mucho más profunda y personal: yo, como cristiano, ¿estoy construyendo una Iglesia servidora o autorreferencial?
Las respuestas quedaron para ofrecerlas como pesebre en esta Navidad, con el anhelo de que el niño Jesús las haga NUEVAS.
La exhortación que nos llevamos fue clarísima y quedó escrita, no sólo en nuestros cuadernos de apuntes, sino también en nuestros corazones: SER MENSAJEROS DE LA BUENA NUEVA.
Salimos de la casa parroquial con la alegría de habernos encontrado con un Pastor con olor a oveja, a pueblo, a viña. Que recorre las calles, y que para saberlo sólo basta con mirar la tierra que hay en sus zapatos.
Al salir del despacho el sol ya se imponía en el cielo con todo su resplandor. Nos iluminó todo el rostro. No hacía más frío. Allí supimos que estábamos en Casa.

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